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Termografía infrarroja

La termografía infrarroja registra la radiación infrarroja y estima la temperatura superficial aparente con parámetros como emisividad y temperatura reflejada.

Actualizado el 30 de octubre de 20269 min de lectura

Qué registra la termografía infrarroja

La termografía infrarroja registra la radiación térmica emitida y reflejada por las superficies y la representa como datos de imagen relacionados con la temperatura. En la inspección de instalaciones FV, una cámara térmica con medición de temperatura puede ayudar a comparar los patrones de temperatura entre módulos, células, conectores, cables, cajas de conexiones y otros equipos cuando las condiciones de captura permiten una interpretación significativa.

La imagen no muestra directamente la corriente eléctrica, la resistencia de aislamiento ni los daños mecánicos. Muestra el comportamiento térmico de la superficie. Las condiciones eléctricas y físicas pueden originar patrones térmicos, pero la relación entre el patrón y su causa debe evaluarse.

La temperatura absoluta es solo una parte de la información. Las diferencias relativas entre componentes comparables pueden ser más útiles cuando los módulos presentan una irradiancia, una orientación, una carga y una exposición ambiental similares. Incluso así, la comparación debe tener en cuenta los reflejos y la geometría de observación.

Por tanto, una cámara térmica aporta evidencias, no un diagnóstico. El inspector sigue necesitando el contexto de la planta, el conocimiento de los equipos, los datos de operación y los métodos de seguimiento adecuados.

Termografía infrarroja de módulos fotovoltaicos

Cómo se utiliza en las plantas fotovoltaicas

La termografía FV se utiliza habitualmente para detectar, en generadores en funcionamiento, patrones de temperatura anómalos. Las plantas grandes contienen muchos módulos repetidos, de modo que la imagen térmica puede ayudar a identificar ubicaciones que difieren de los equipos circundantes sin necesidad de comprobar eléctricamente cada módulo en primer lugar.

Una zona de células puede aparecer más caliente que las células vecinas, una parte de un módulo puede mostrar un patrón distinto, o un conector o una unión eléctrica puede presentar un calentamiento localizado. También pueden verse diferentes strings o secciones completos cuando su estado de funcionamiento eléctrico difiere del de los circuitos próximos.

Estas observaciones pueden orientar a los equipos de mantenimiento hacia módulos, conexiones, filas o secciones de circuito concretos. La inspección resulta más útil cuando los hallazgos se vinculan a datos de ubicación y pueden compararse con imágenes visibles, el plano de la planta, la configuración de los strings y la información de monitorización.

La termografía también puede apoyar la inspección posterior a un evento, como tormentas, daños físicos o incidentes eléctricos en los que el comportamiento térmico sea relevante. Aun así, el alcance debe definirse en función del evento real, sin suponer que un vuelo térmico puede identificar todas las consecuencias posibles.

La norma IEC 62446-3 trata la inspección termográfica en exteriores de sistemas FV en funcionamiento y aporta una estructura para los equipos, las condiciones ambientales, los procedimientos de inspección, la competencia del personal y la elaboración de informes.

Qué puede y qué no puede establecer

Una célula caliente localizada o un grupo de células calientes puede indicar que esa zona se comporta de forma distinta a células comparables en condiciones similares. El motivo puede ser un desajuste eléctrico, un sombreado, un daño, el comportamiento de la interconexión u otra condición. El patrón térmico por sí solo no determina cuál de estas explicaciones es la correcta.

El comportamiento de los diodos de bypass puede producir patrones reconocibles a nivel de módulo en algunos estados de funcionamiento. Sin embargo, atribuir un fallo de diodo únicamente por el aspecto de la imagen puede inducir a error si no se tienen en cuenta el estado del circuito, el sombreado, el diseño del módulo y las mediciones eléctricas.

El calentamiento de las conexiones también puede ser significativo. Una mayor resistencia en un conector, un borne, un portafusibles, una unión de cables u otra conexión por la que circule corriente puede generar calor bajo carga. Un aumento de temperatura visible puede justificar una investigación inmediata, pero aún pueden ser necesarias una verificación eléctrica y una inspección física para establecer la causa.

Algunos fallos no generan una firma térmica detectable durante la inspección. Otros solo pueden aparecer con una carga, un nivel de irradiancia, una condición ambiental o un estado de funcionamiento intermitente determinados.

Por tanto, la termografía tiene un límite claro: puede identificar anomalías térmicas, pero no puede demostrar todas las causas raíz ni confirmar la ausencia de cualquier fallo eléctrico. Una imagen normal no equivale a un ensayo eléctrico completo.

Termografía aérea con drones

Los drones permiten que las cámaras térmicas inspeccionen grandes superficies FV desde el aire y registren al mismo tiempo la ubicación de los datos capturados. Esto puede reducir los desplazamientos manuales a lo largo de filas de módulos extensas y ofrecer una visión de conjunto homogénea de grandes instalaciones sobre suelo.

La planificación del vuelo debe basarse en el nivel de detalle de inspección requerido. La resolución de la cámara, el objetivo, la altitud, la velocidad, el ángulo de visión y el solape entre imágenes influyen en que el elemento buscado se resuelva realmente. Un vuelo adecuado para identificar patrones a nivel de módulo puede no ofrecer el detalle suficiente para una interpretación fiable a nivel de célula.

La captura aérea también introduce consideraciones geométricas. Los reflejos en el vidrio de los módulos pueden variar con el ángulo de visión, y un terreno irregular o la posición del seguidor pueden alterar la relación entre la cámara y el módulo a lo largo de la planta. Estos efectos deben tenerse en cuenta tanto en la planificación del vuelo como en la revisión de las imágenes.

La precisión de la ubicación es importante porque un hallazgo tiene un valor de mantenimiento limitado si los técnicos no pueden identificar en campo el módulo o el circuito correspondiente. Las imágenes térmicas y visibles, el plano de la planta, los identificadores de fila y los metadatos del vuelo pueden ayudar a mantener la trazabilidad.

La inspección con drones no elimina la necesidad del trabajo en campo. La confirmación eléctrica, la inspección de conectores, la sustitución de módulos y el examen físico detallado siguen requiriendo un acceso adecuado sobre el terreno.

Imagen térmica de una instalación fotovoltaica

Evaluación del riesgo eléctrico y de incendio

Un calentamiento anómalo puede ser relevante para el riesgo eléctrico, ya que las conexiones resistivas y algunas condiciones de fallo convierten energía eléctrica en calor. Un conector, un borne, un conductor o una zona de módulo que funcione de forma sustancialmente distinta a la de equipos comparables puede merecer una investigación antes de que la situación empeore.

Por tanto, la evidencia térmica puede respaldar decisiones de mantenimiento basadas en el riesgo. Una anomalía de temperatura acusada o cambiante puede justificar un seguimiento más urgente que una observación menor, pero la gravedad no debe asignarse solo a partir de la temperatura, sin considerar la carga, el entorno, el tipo de componente y el probable mecanismo de fallo.

El riesgo de incendio exige la misma cautela. Algunos fallos eléctricos pueden contribuir a una ignición si se genera suficiente calor o un arco cerca de material combustible, pero una anomalía térmica no garantiza que vaya a producirse un incendio. A la inversa, la ausencia de un punto caliente visible no demuestra que no exista ningún peligro eléctrico relacionado con el incendio.

La respuesta adecuada depende del equipo, de la condición eléctrica, del comportamiento de temperatura observado, de los materiales circundantes y de los hallazgos del seguimiento. La termografía puede identificar condiciones que merecen atención, pero no debe presentarse como una garantía de que se evitará un incendio.

Los equipos de mantenimiento deben conservar la observación original y, a continuación, verificar la condición sospechada mediante métodos eléctricos o físicos adecuados.

Condiciones y comparabilidad

La irradiancia es fundamental en la termografía FV, porque la carga eléctrica y la generación de calor dependen de la energía que llega a los módulos. Una irradiancia débil o que cambia con rapidez puede reducir el contraste térmico o dificultar la comparación de una parte de la planta con otra.

El viento enfría las superficies de los módulos y puede atenuar las diferencias de temperatura. Un viento fuerte o variable puede, por tanto, modificar el patrón térmico aparente aunque la condición eléctrica subyacente siga siendo la misma. Las condiciones de viento deben registrarse cuando sean relevantes para la interpretación.

El movimiento de las nubes puede provocar cambios rápidos de irradiancia en toda la planta. Las imágenes captadas antes y después del paso de una nube pueden no representar condiciones de funcionamiento comparables, sobre todo cuando un vuelo con dron cubre una gran superficie a lo largo del tiempo.

La temperatura del módulo aporta un contexto adicional, pero no existe un único intervalo de temperatura que defina una inspección aceptable para todas las plantas. La norma IEC 62446-3 no impone un único umbral universal de temperatura del módulo para instalaciones diferentes.

El ángulo de visión y los reflejos también afectan a la fiabilidad de la imagen. El vidrio del módulo puede reflejar el cielo, las estructuras cercanas, la vegetación, la aeronave u otras fuentes térmicas. Por ello, una zona aparentemente caliente o fría debe comprobarse en busca de causas geométricas y reflectantes antes de clasificarla como una anomalía del equipo.

Las inspecciones repetidas son más útiles cuando estas condiciones se registran de forma coherente.

Qué sigue a un hallazgo térmico

Un hallazgo térmico debe vincularse primero a una ubicación física y describirse sin exagerar su causa. El informe puede registrar el módulo, la zona de células, el conector, el string o el equipo afectado junto con el patrón de temperatura observado y las condiciones en las que se captó.

El siguiente paso depende del tipo de observación. Un posible problema de conexión puede requerir una medición eléctrica y una inspección física, mientras que un patrón inusual en un string puede llevar a comprobaciones de corriente, tensión, polaridad o continuidad. Una anomalía a nivel de módulo puede requerir compararla con daños visibles, datos de operación o ensayos adicionales del módulo.

El registro de la inspección debe conservar las evidencias térmicas y visibles, la ubicación, las condiciones ambientales, los equipos utilizados y cualquier limitación que haya afectado a la interpretación. Las zonas que no pudieron inspeccionarse de forma fiable deben identificarse, en lugar de darlas por normales.

Una inspección repetida puede ser útil tras los trabajos correctivos o cuando el hallazgo inicial depende en gran medida de las condiciones de operación. El objetivo es comprobar si el comportamiento térmico ha cambiado, no simplemente obtener otra imagen.

Una única campaña termográfica no equivale a una monitorización continua, y la termografía no sustituye a los ensayos eléctricos cuando se requiere una verificación directa. La norma IEC 62446-3 proporciona un marco para la inspección termográfica en exteriores de sistemas FV en funcionamiento, pero la conformidad, el diagnóstico de fallos y las decisiones de mantenimiento pueden requerir evidencias adicionales a la imagen térmica.